Lo que durante años fue el principal atractivo del streaming —ver contenido sin interrupciones— está cambiando. Plataformas como Amazon Prime Video han comenzado a integrar publicidad en sus planes base, marcando un giro importante en la industria del entretenimiento digital.
El modelo es claro: los usuarios pueden seguir pagando una suscripción más accesible, pero ahora con anuncios incluidos, o bien optar por un plan más caro para eliminarlos.
Esta estrategia ya no es exclusiva de una sola empresa. Servicios como Netflix y Disney+ también han adoptado versiones con publicidad, buscando equilibrar ingresos ante la creciente competencia y el estancamiento en el número de suscriptores.
Para las plataformas, este cambio representa una nueva fuente de ingresos sin depender únicamente de las mensualidades. Para los anunciantes, es una oportunidad de oro: acceder a audiencias masivas con segmentación precisa basada en hábitos de consumo.
En mercados como México, donde el costo es un factor clave, los planes con anuncios han sido bien recibidos por usuarios que prefieren pagar menos a cambio de ver algunos comerciales. Sin embargo, también ha generado debate entre quienes consideran que el streaming está regresando a un modelo similar al de la televisión tradicional.
Analistas señalan que este modelo híbrido llegó para quedarse. Las plataformas buscan ofrecer opciones más flexibles, mientras experimentan con formatos publicitarios menos invasivos y más personalizados.
Así, el streaming entra en una nueva etapa donde la experiencia del usuario se redefine. Ya no se trata solo de qué ver, sino también de cuánto estás dispuesto a pagar… o a tolerar en publicidad.


